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El mundo necesita una nueva referencia.

Durante mucho tiempo, se suponía que era Japón. La sabiduría convencional decía que su tímida respuesta a su propia gran crisis convirtió lo que deberían haber sido unos pocos años malos en una década perdida, un período del que nunca se recuperó por completo. Pero mientras esto era verdad hasta cierto punto, ahora ya no es así. Su economía ha funcionado tan bien en los últimos años que se ha recompuesto de lo que perdió durante su prolongada recesión en la década de los noventa.

Ahora podemos hablar de robots, teléfonos inteligente o burbujas de vivienda, y veremos que Japón es donde primero pasa el futuro.

Es bastante impresionante que la economía de Japón no se redujera en absoluto en la década de los noventa, porque solo dejó de crecer durante unos años. Eso, por supuesto, tuvo el costo de acumular muchas deudas en varios proyectos de estímulo, pero es mejor que dejar que las cosas empeoren tanto que termines haciendo lo mismo con los beneficios de desempleo. Japón, en otras palabras, hizo bien en quedarse atrás.

Pero Japón lo ha hecho aún mejor para inventarlo todo. Sin embargo, eso no es obvio debido a otras de las primicias del país: la reducción de la población en edad de trabajar. Eso hace que sea imposible juzgar la economía de Japón por su PIB, al menos en comparación con otros porque no esperaría que crezca mucho, si es que lo hace, cuando su fuerza de trabajo no lo hace. Mirar su PIB per cápita le da una mejor idea de cómo le está yendo, pero incluso eso es aún poco engañoso ya que muchas de sus personas están jubiladas. Apenas es un golpe para Japón que a sus 70 años no estén generando mucha producción económica. Por lo tanto, para ajustar el envejecimiento de su población, debe mirar su PIB por adulto en edad de trabajar. Eso le dice cuánto está produciendo en relación con cuánto se podría esperar razonablemente, y con esa medida le está yendo muy bien.

Japón realmente creció un 14 por ciento menos que Estados Unidos durante la década de los noventa, pero ha borrado casi toda esa brecha desde entonces. Si Japón perdió una década, la ha encontrado ahora.

Esto son dos historias. La primera es que, hace 15 años, a Japón le estaba yendo muy mal, y ahí fue cuando realmente comenzó a ponerse al día. La segunda es que ha estado funcionando incluso mejor de lo que pensábamos en los últimos 5 años. Ese período, no tan coincidentemente, es cuando el primer ministro Shinzo Abe comenzó a decir que haría lo que fuera necesario para revivir las fortunas económicas del país. Ahora, ha hecho muchas promesas durante esete tiempo, pero lo que está haciendo no es tan complicado: simplemente está imprimiendo una gran cantidad de dinero para darle a la economía la oportunidad de crecer tanto como sea posible, y luego ayudar a las mujeres a ingresar al mercado de mano de obra.

Resulta que este es un gran plan.

Considera esto: la proporción de mujeres de entre 25 y 54 años que, en su mayoría, deberían ser demasiado mayores para seguir estudiar pero demasiado jóvenes para jubilarse y que, de hecho, están trabajando, ha aumento del 70 por ciento (cuando Abe asumió el cargo a finales del 2012) al 77.6 por ciento de hoy. Ese es el mayor aumento en cualquier período de 5 años y medio desde que los registros comenzaron a principios de la década de los ochenta. Y ha sido suficiente para aumentar la proporción de todos los de 25 a 54 años de edad que tienen un trabajo hasta lograr un máximo histórico de 85.2 por ciento. Teniendo en cuenta que la tasa de desempleo es solo del 2.5 por ciento, es seguro decir que casi todos los que quieren un trabajo en Japón tienen uno.

Eso no quiere decir que Japón haya solucionado todos sus problemas. A pesar de lo que solo puede describirse como un mercado laboral extremadamente ajustado, los trabajadores aún reciben los menores aumentos por razones que siguen siendo en gran parte misteriosas. Lo cual, a su vez, ha impedido que la inflación alcance un nivel más saludable.

Aún así, vale la pena tomarse un minuto para apreciar todo lo que han hecho. Se las arreglaron para capear una de las mayores crisis en la historia financiera sin permitir que el desempleo superara el 6 por ciento (lo cual es impresionante incluso si ste tiene en cuenta que el suyo tiende a ser menor por razones culturales e institucionales). El mundo, como Paul Krugman ha estado señalando por un tiempo, probablemente deba una disculpa a Japón.

Si Japón fue un fracaso en la formulación de políticas, todos deberían esperar no tener éxito.



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