La operación de este electrodoméstico expone a más polución que el centro de Nueva York.

Un nuevo estudio de la Universidad de Colorado (CU) en Boulder advirtió que las tostadoras son un factor importante de la polución del aire. Apenas se las enciende, comienzan a liberar partículas tóxicas en una cantidad mayor a la que, por ejemplo, afecta a una persona que está en la intersección de dos avenidas de una gran ciudad.

Las velas aromatizadas, los hornos a leña, los limpiadores del hogar, los purificadores de aire y los aerosoles también son contaminantes de importancia. Actividades como hornear y freír también dañan el aire del hogar. En síntesis, buena parte de las tareas rutinarias de una casa, como cocinar y limpiar, arruinan el aire.

Los niveles de polución tras asar un pollo, por ejemplo, son 13 veces mayores a los del aire de los centros urbanos; tostar dos rodajas de pan causa el doble de esa polución, es decir tres veces más que el límite de seguridad que establece la Organización Mundial de la Salud. El trabajo aconsejó que, al realizar estas acciones, se abran las ventanas y se utilicen los extractores.

Los investigadores midieron la contaminación que generan distintas tareas habituales del hogar, como cocinar y limpiar (Callie Richmond/HOMEChem)
Los investigadores midieron la contaminación que generan distintas tareas habituales del hogar, como cocinar y limpiar (Callie Richmond/HOMEChem)

Los componentes orgánicos volátiles (VOC), como se los denominan, no se quedan ni siquiera en el shampoo, el perfume o el limpiamuebles: salen y se convierten en fuente de alergias y problemas respiratorios, que pueden afectar la salud del sistema circulatorio y el corazón. Una vez en la atmósfera, estos contaminantes cotidianos causan más polución que los automóviles y los camiones.

Los investigadores del Instituto Cooperativo de Investigación en Ciencias Ambientales de CU (CIRES) presentaron estos resultados en la reunión anual de la Asociación Nacional para el Avance de la Ciencia (AAAS) de los Estados Unidos, que se realizó en Washington DC el 20 de febrero. “Los hogares nunca fueron consideraron como una fuente importante de polución del aire y es un momento adecuado para comenzar a explorarlo”, presentó el tema la profesora de Ingeniería Mecánica Marina Vance.

La casa de la Universidad de Texas donde trabajaron los invetigadores de la Universidad de Colorado (Callie Richmond/HOMEChem)
La casa de la Universidad de Texas donde trabajaron los invetigadores de la Universidad de Colorado (Callie Richmond/HOMEChem)

“Queríamos saber cómo cambian la química de un hogar las actividades básicas como cocinar y limpiar“, agregó a la web de noticias de CU. En 2018 Vance fue codirectora de proyecto Observaciones de Química Microbial y Ambiental en el Hogar (HOMEChem), que empleó sensores y cámaras para vigilar la calidad del aire interior en una casa de 110 metros cuadrados construida en el campus de la Universidad de Texas en Austin. Allí, durante un mes, Vance y sus colegas realizaron actividades hogareñas comunes.

El primer hallazgo sorprendió a los investigadores: las grasas que se queman en la cocción de alimentos y los gases que emiten las hornallas son particularmente dañinos y se quedan en el ambiente por aproximadamente una hora. “Incluso el simple acto de hacer una tostada subió los niveles de partículas mucho más allá de lo esperado”, detalló Vance.

Los científicos midieron los niveles de contaminación del hogar. (Callie Richmond/HOMEChem)
Los científicos midieron los niveles de contaminación del hogar. (Callie Richmond/HOMEChem)

El estudio se concentró en las partículas en suspensión con un diámetro de menos de 2,5 micrones (PM 2,5), es decir casi el 3% del de un cabello humano. Esos materiales particulados son lo suficientemente pequeños como para pasar por los pulmones hacia el torrente sanguíneo.

Durante el proceso de hornear una cena, por ejemplo, los niveles de PM 2,5 llegaron a 200 microgramos por metro cúbico: en Midtown Manhattan, el centro de la ciudad de Nueva York donde está Penn Station, la concentración promedio de esos contaminantes es de 14,2 microgramos por metro cúbico.

Los investigadores quedaron sorprendidos por la enorme cantidad de contaminantes que hay en un hogar y pueden afectar la salud de las personas. (Callie Richmond/HOMEChem)
Los investigadores quedaron sorprendidos por la enorme cantidad de contaminantes que hay en un hogar y pueden afectar la salud de las personas. (Callie Richmond/HOMEChem)

Vance advirtió que las “partículas ultra-finas” que encontraron durante el experimento, es decir que están habitualmente en los hogares, se depositan en órganos como el corazón, el hígado, los pulmones y el cerebro. “Las partículas similares que producen los automóviles diesel se han asociado a la enfermedad coronaria, el derrame cerebral y el cáncer de pulmón”.

Vance se explayó sobre el problema de la tostadora: “Cuando se hace una tostada, las resistencias que se ponen al rojo comienzan a calentar los desperdicios y la suciedad en el aparato, que incluyen aceites. A eso hay que agregarle el pan mismo: va a emitir un arco de elementos. Encontramos etanol, un subproducto de la levadura. Y las pequeñas partes del pan que toquen las resistencias generarán humo, como las migajas en el fondo de la tostadora: todo eso crea un montón de partículas”.

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