Rodolfo Valentín, quien en diciembre cumplirá un años como director de la Oficina Nacional de Defensa Pública, es un abogado con una larga y exitosa carrera que ha forjado a base de sacrificios y perseverancia. Estos valores los ha estampado en su gestión al frente de una institución cuya demanda crece todos los días.

En una entrevista concedida a Diario Libre, el funcionario judicial habla sobre su trayectoria profesional. Hijo de una ama de casa, procedente de Barahona, y de un maestro constructor de Baní, Rodolfo nace en el sector Honduras, Distrito Nacional el 13 de febrero del año 1970 (víspera de San Valentín). Es el primer hombre en ocupar la dirección de la Defensa Pública y segundo funcionario en ocupar ese cargo, después de los dos períodos de Laura Hernández.

Antes de decidirse por cuál carrera estudiar en 1988, consiguió un trabajo en la Lotería Nacional. Casi todos los días sacaba un momento de su hora de almuerzo y se iba a la Suprema Corte de Justicia a mirar los procesos, lo que le permitió ir familiarizándose con el mundo de las leyes y la litigación.

Inició los estudios en la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA) y para continuar familiarizándose con los procesos, se interesó en convertirse en alguacil.

Aunque no conocía a nadie que lo ayudara, se las arregló para ver a un juez de la Suprema Corte llamado Frank Jiménez, a quien le comentó su interés por el puesto para ganar experiencia y pagar sus estudios universitarios.

El juez lo recomendó y salió un el decreto con el que lo nombraban alguacil.

Cuando a Virgilio Bello Rosa lo designan procurador general, Rodolfo Valentín pasa de ser alguacil a abogado de oficio. Duró desde el 2001 a 2003 como abogado de oficio. En 2004 se produce la Ley de Defensa Pública y comienza en la carrera.

Desde entonces ha dedicado 15 años de su vida al servicio de usuarios del sistema de justicia que necesita que le garanticen el derecho de estar representado en un proceso judicial.

Durante esos años tuvo ofertas de diferentes firmas de abogados, pero las rechazó y permaneció en la Defensa Pública hasta lograr ser electo director de la institución.

Su preparación le permitió ser docente en la Escuela Nacional de la Judicatura. “Fui docente de jueces que ahora mismo están en la Suprema y de fiscales que hoy están en la Procuraduría General”, dice.



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