FOTO DE ARCHIVO: El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, habla durante una conferencia de prensa en el Palacio Nacional de Ciudad de México, México, 30 de agosto de 2019. (Foto: REUTERS / Henry Romero) (Henry Romero/)

Andrés Manuel López Obrador se ha convertido mañana a mañana en el “gran insultador”, así tituló el periodista Carlos Loret de Mola una síntesis de los calificativos que el presidente de México ha usado desde el estrado en la conferencia de prensa matutina que ofrece diariamente.

En una columna de opinión en El Universal, Loret de Mola actualizó una compilación de adjetivos que usó el mandatario, originalmente publicada en Letras Libres por Gabriel Zaid.

Achichincle, alcahuete, aprendiz de carterista, arrogante, blanquito, calumniador, callaron como momias, camajanes, canallín, chachalaca, chayotero, cínico, cómplice, conservador, corruptos, corruptazo, deshonesto, desvergonzado, espurio, farsante, fichita, fifí, fracaso, fresa, gacetillero vendido, hablantín, hampones, hipócritas, huachicolero, ingratos, intolerante, ladrón, lambiscones, machuchón, mafioso, mafiosillo, maiceado, majadero, malandrín, malandro, maleante, malhechor, mañoso, mapachada de angora, matraquero, me da risa, megacorrupto, miente como respira, mentirosillo, minoría rapaz, mirona profesional, monarca de moronga azul, mugre, ñoño, obnubilado, oportunista, paleros, pandilla de rufianes, parte del bandidaje, payaso de las cachetadas, pelele, pequeño faraón acomplejado, perversos, pillo, piltrafa moral, pirrurris, politiquero demagogo, ponzoñoso, pregonero, prensa vendida, ratero, reaccionario de abolengo, represor, reverendo ladrón, riquín, risa postiza, salinista, señoritingo, sepulcro blanqueado, simulador, siniestro, tapadera, tecnócratas neoporfiristas, ternurita, títere, traficante de influencias, traidorzuelo, vulgar, zopilote.

Loret de Mola recordó que el ex presidente de Bolivia, Jorge Qiuroga, llamó “matoncito” a AMLO (como se le conoce en México a López Obrador) y destacó que varias voces condenaron ese tono despectivo, aunque como es evidente, es el presidente mexicano el que no modera sus expresiones contra adversarios o críticos de su administración.

Las redes sociales hicieron rápido eco de la publicación de Loret de Mola. Las etiquetas “El Gran Insultador” y “Loretito” se convirtieron rápidamente en tendencias.

Cabe recordar que Loret de Mola ha sido uno de los periodistas críticos de la administración López Obrador y en un par de ocasiones ha tenido roces con funcionarios.

Jesús Seade, subsecretario de Relaciones Exteriores, le recriminó al periodista una columna de opinión en la que se aseguraba que había sido “chamaquedo” por los negociadores de Estados Unidos en las pláticas para firmar el T-MEC.

El propio López Obrador ha señalado a Loret de Mola por su supuesta intervención en el montaje del ex secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, durante el arresto de Florence Cassez.

(Foto: REUTERS/Henry Romero)
(Foto: REUTERS/Henry Romero) (HENRY ROMERO/)

Las conferencias mañaneras

Después de un año de gobierno, López Obrador no da señales de que planee disminuir la frecuencia de sus reuniones cotidianas con los medios de comunicación en el Palacio Nacional, conocidas coloquialmente como “mañaneras”, o su duración.

Por el contrario, desde el inicio de su mandato se fueron alargando hasta un promedio actual de casi dos horas diarias.

Y en cada una de ellas dedica más tiempo a largas disertaciones históricas y a fustigar a sus “adversarios” que, a responder las preguntas de los reporteros, algunas de las cuales parecen formuladas específicamente para que se explaye en sus temas favoritos: la Revolución de 1910, las fallas de los Gobiernos neoliberales y su campaña contra la corrupción.

Confrontado con preguntas incómodas, como la persistente violencia criminal o la letárgica marcha de la economía, se apoya en «otros datos» o recala en el nefasto legado de Administraciones pasadas.

«Vamos bien», declaró recientemente al comentar el reporte del Instituto de Estadística según el cual la economía se contrajo en los dos primeros trimestres de 2019 y presentó un crecimiento nulo en el tercero, por lo que muchos analistas lo consideran una «recesión técnica».

López Obrador justifica su apreciación positiva con el argumento de que hay otros indicadores aparte del crecimiento, como el consumo y la distribución de la riqueza, en los que se registran «avances».

Pero acaso la violencia es el tema en que el mandatario se muestra más reacio a dar su brazo a torcer. En respuesta a una pregunta sobre la matanza de seis niños y tres mujeres de una comunidad mormona en el estado de Sonora ocurrida el 4 de noviembre, insistió en que su estrategia de seguridad, que resume en el lema «abrazos no balazos», no va a cambiar.

Indicó que su Gobierno seguirá “atendiendo las causas que originan la violencia”, que identifica como pobreza y desigualdad, y aprovechó para arremeter contra quienes, a raíz de esos hechos, exhibieron sus “afanes autoritarios” al pedir el uso de la fuerza contra los grupos criminales.

AMLO vs la prensa

Paradójicamente estas conferencias, que él define como un «diálogo circular» con los periodistas, son a menudo usadas por el mandatario para golpear a los medios críticos hacia su Gobierno.

Son comunes sus referencias sarcásticas a la «prensa fifí» o «conservadora», así como sus elogios a las «benditas redes sociales», de donde deriva buena parte de su apoyo en los medios y por las que informa regularmente a sus seguidores –más de 6,8 millones en Facebook y 6,3 millones en Twitter- sobre sus acciones.

En una de sus conferencias, López Obrador evitó comprometerse inequívocamente a no usar un lenguaje que estigmatice a los periodistas y aseguró que no ve a los comunicadores críticos «como enemigos, sino como adversarios».

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