Detrás del nuevo fenómeno de Dominicana’s Got Talent hay una historia de muchos sacrificios. Dueño de un don natural y un carisma inusual, Francisco Amaury o ‘Babyrotty’, como le gusta que le llamen, ha crecido en medio de precariedades, pero con la firme convicción que con su talento un día saldrá de ellas.

“Yo no vivo con mis padres. Vivía con mi mamá, pero el esposo que ella tenía la maltrataba mucho y ella tuvo que salirse de aquí”, confesó.

Narró los sacrificios que hace su abuelo, con quien vive actualmente, para que a él no le falte comida en la mesa. “Vivo con mi abuelito, él es que se levanta a las seis de la mañana, me deja descansando, él cansado. Se va a ese taller atrás de mil pesitos para traerle comida a un manganson como yo”, se lamenta.

Y continúa: “Por allá se ha pasado mucha hambre hasta que un día yo dije: ‘con esta voz que yo tengo puedo conseguir dinero para comprar un cartón de huevos o algo’, me puse a cantar y llegué con mil pesos por mi casa”.

Confesó que su inclinación por la música empezó cuando una tía le puso una de las canciones del tenor italiano Luciano Pavarotti, desde ahí asegura quedó impregnado con la extraordinaria interpretación del considerado principal figura de la música lírica. De ahí su apodo, se considera el Pavarotti pequeño.

Quiere ganar para brindar una mejor vida a su familia

“Si Dios me da la oportunidad de ganar, a mi me gustaría arreglarle la casa a mi papá, mudar a mi mamá y a mi abuelo”, señaló el adolescente de 13 años.

Hoy está un paso más cerca de ese sueño, pues logró los cuatro sí de los jueces de Dominicana’s Got Talent, y el pase a la siguiente ronda.



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